viernes, noviembre 10, 2006

Analogías

Recuerdo a unos alemanes la mar de simpáticos que, cuando yo era pequeño, pasaban sus vacaciones en la Costa Daurada. Esta gente... tenía una peculiar visión de la dictadura franquista y del futuro que les convenía a los habitantes de las Españas. Lo explicaban claramente: "No se preocupen ustedes tanto por la democracia, deben estar bien preparados, no corran mucho, hay que ir con cuidado; además, con el sol, el clima estupendo y el turismo, ustedes tienen asegurado el progreso, seguro"... Eran alemanes civilizados, afiliados a un gran sindicato y votantes de los socialdemócratas, pero se miraban España con una curiosa mezcla de paternalismo, comercio y lejanía... Para estos alemanes, Franco era un personaje como de ficción, un abuelo que veían en las fotos oficiales de la oficina de correos, de la comisaría y del dispensario local. ¿Para qué iban a complicarse la vida los españoles?

Pienso en estos alemanes al escuchar y leer muchos juicios actuales de nuestros conciudadanos sobre la dictadura de Fidel Castro... Me refiero más bien a un general sentido de comprensión y tolerancia hacia un régimen opresor que comparten muchas gentes de aquí, como si el sol, las palmeras, los cuerpos mulatos y los mojitos hicieran que una dictadura fuera menos dictadura...

Los catalanes y españoles que se miran la Cuba de Castro como se miraban la España de Franco muchos europeos deberían tener mejor memoria y recordar que, detrás del automóvil 600 y del bikini de las suecas, había falta de libertades, corrupción estructural y personas encarceladas por sus ideas y crímenes de Estado. El buen alemán que se pasaba aquí un mes, y volvía a casa como una gamba y macerado en sangría, no se enteraba de nada. Exactamente igual que nuestros paisanos hoy en la playa de Varadero.


Francesc-Marc Alvaro (La Vanguardia)

Visto en Barcepundit.

Todo es justificable. Siempre estarán a la mano apologistas, endógenos o extranjeros en cualquier régimen para minimizar tonterías y resaltar lo "positivo". Siendo así, no se necesitan máscaras.

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5 comentarios:

luis dijo...

Igual nos pasa a nosotros, mientras mandemos petroleo ¿para que compicarse la vida?

Anónimo dijo...

Que bueno que puedan decir mal de Fidel y todavia irse de vacaciones para Cuba. Al contrario de los que critican a Bush les niegan el visado. Si es esta la democracia que te sirve, quedate con ella, que nosotros segimos recebiendo los comemierda en mi Cuba.
www.cubatellama.blogspot.com

Y si quieres saber de democracia entra aqui:
www.venezuelaenrevolucion.blogspot.com

Anónimo dijo...

¿Te diste cuenta que hasta el avatar de la cubanita derrama lágrimas? ¿Cosas de la revolución?

Saludos.

P.D.: Por cierto que, ni el periodista de LA VANGUARDIA, ni la cubanita (con perfil blogger anónimo) explican a qué van los españoles (y demás europeos) a hacer turismo en Cuba. Creo que es porque les encantan las carreras de caballos. Digo, por aquello de los cuentos con que regresan todos a sus países y que siempre giran en torno a las grandiosas jineteras en los "derbies" de Varadero.

Saludos.

Lorenzo Albano F. dijo...

Es el sindrome del "plain brown folk". De los "nativos sonrientes", de la "sencilla gente".

Para que necesitan democracia y derechos individuales? para que necesitan ser prosperos? para que? Y es que alguien se los pregunta?

No se, para que los necesitan los Pend..os sin Fronteras que disfrutan su libertad y toleran felicisimos las dictaduras en la piel de los otros? por que creen que los cuenticos son buenos para los cubanos y no para ellos?

Y Cris: Que hay de los nativos? Tambien ellos pueden?

guardafaro dijo...

Me viene a la memoria algo que me contó una amiga venezolana casada con noruego. Se fue a vivir unos pocos años a ese país nórdico, tan reacio a las inmigración extranjeras como a la emigración de sus propios nacionales.
Me contó que viendo en la televisión noruega documentales sobre otros países, cuando pasaron uno sobre Venezuela le llamó la atención algo que ya había notado al ver los de otras ciudades. Solamante presentaban los barrios marginales de las grandes urbes, los cerros llenos de ranchos y los barrigoncitos descalzos y casi desnudos, las zonas indigénas y todo lo feo y deprimido que encontron los realizadores. En ningún momento se vieron las grandes y lujosas urbanizaciones, los modernos edificios, las grandes obras de ingeniería ni nada que denotara progreso.
Luego supo los motivos. El gobierno pretendía decirles a sus ciudadanos: "Miren lo malo que es el mundo fuera de estas tierras, allende los fiordos. ¿Para qué se van a ir de nuestro idílico país? Permanezcan aquí"